A partir de allí lo que pueda decir es poco, realmente no existen las palabras exactas que describan lo que siento por él. Sólo Dios sabe, lo que lloré pidiéndole perdón por no haber querido, en un comienzo, ese embarazo y aún más, por decir que no quería tener un varón.
Hoy en día me arrepiento un montón por eso y en lo más profundo de mi ser espero que Andrés no haya sentido ese rechazo mientras estaba en la barriga de su mamá, porque no sé cuáles puedan ser las consecuencias. Lo amo tanto, ahora él es el centro de mi atención, el centro de mi mundo, mi todo.
Nunca crecí siendo "Susanita", cuyo único anhelo era casarse y tener muchos hijitos, siempre quise ser una mujer resteada, independiente, cuyo desarrollo profesional siempre estuvo primero que nada, pero parece mentira, ahora todo ha pasado a un segundo lugar, lo realmente importante es compartir con mi hijo, jugar con él, oír su vocecita que me grita: ¡HODA MAMAAAÁ! cada vez que llego a casa y corre a abrazarme, creanme ese momento no tiene precio.
De esta manera, mi vida dio ese primer giro, ese cambio que realmente modifico mi existencia, mi manera de pensar, mi manera de ser. Ahora, lo que era importante ya no lo es. Las perspectivas cambiaron y el horizonte también. Ser una buena mamá es el reto profesional más importante que enfrento en la actualidad, porque se lo debo a Andrés. No pretendo ser una madre perfecta, pero sí deseo ser un buen ejemplo para mi hijo, una guía, una compañera, una amiga. Sé que voy a cometer millones de errores, porque nunca nos enseñan cómo ser padres, pero que a través de esos errores también voy a aprender a ser una mejor persona, voy a aprender a ser la madre que le brinde el mayor apoyo, para nunca se detenga en la búsqueda de sus sueños y sobre todo, voy a aprender a respetar sus decisiones.
Afortunadamente, hoy puedo decir que en mi casa vive un angelito de Dios, el mejor regalo que la vida me pudo dar!

