No recuerdo exactamente el día ni el mes, lo que si recuerdo claramente era el susto en mi estomago mientras esperaba que mi amiga Gioco regresara de la clínica, le dije: "cuando llegues me mandas un mensaje por el celular", pero después cambie de opinión, la llame y le dije: "mejor no me escribas, sube a mi oficina y me avisas".
Mientras esperaba que ella regresara, mi angustia aumentaba, no podía concentrarme, me sentaba, me paraba, veía el reloj, pensaba, dejaba de pensar... hasta que mi celular sonó: era un mensajito de texto que decía "estoy afuera, sal". Mi corazón comenzó a latir fuertemente, respire profundo y camine, al abrir la puerta de la oficina y tan sólo con ver la cara de mi amiga, supe la respuesta, mis ojos se llenaron de lágrimas, entré en pánico, mi corazón casi se me sale del pecho, camine hacia el baño para poder llorar con tranquilidad. Era cierto, en sólo un segundo mi vida acababa de dar un giro de 360º, ¡estaba embarazada!
"Dios y a hora qué voy a hacer. Esto me cambia los planes, mi estilo de vida, estoy empezando en esta nueva oficina, será que aborto? Nooo, estas loca!!!!, ya no eres una muchachita", en fin mi cerebro no cesaba de procesar información, ni mis ojos de llorar.
Las semanas pasaron y me fui acostumbrando a la idea. Mi familia estaba feliz, pero yo continuaba con mis dudas y miedos, no me veía como mamá, nunca lo había hecho, pensaba que no era el momento, mi matrimonio iba de mal en peor y ahora esto. No deje de llorar el primer mes. Después vi las cosas diferentes, pensaba en cómo sería el bebé y comencé a emocionarme con la idea de tener una preciosa niña, ya había escogido el nombre, se llamaría "Orianna". Sólo faltaba confirmar mis deseos cuando cumpliera los 4 meses.
El tiempo pasó y por fin llegó el día de la consulta, aunque estaba emocionada, también tenía un sustico, había 50% de probabilidad de que fuese una niña, pero también existía un 50% de que fuera varón. Llegue, hable con Freddy (mi doctor) y pasamos a la sala de ecosonográmas, apagamos la luz y comenzamos a ver al bebé, todo estaba perfecto: 5 deditos en cada manito y pie, corazón perfecto, tamaño perfecto, crecimiento perfecto, todo perfecto hasta que llegamos a los genitales, Freddy no tuvo que decirme nada lo vi en la pantalla, un pequeño pipicito se veía entre las piernas. Entre en crisis nuevamente, ¡NO QUIERO UN VARÓN!!!!, lloré y dije que no lo quería. Gustavo (mi esposo) se emocionó, llamó por teléfono a todo el mundo para contar la buena nueva, pero yo estaba contra el piso: primero no quería tener un bebé y menos varón.
Las semanas continuaron pasando y mi manera de pensar cambió también, cada día me iba encariñando más y más con ese pequeñito que crecía en mi barriga, ya tenía nombre "Andrés Alejandro". Cada día mi impaciencia crecía y crecía, estaba desesperada por tenerlo en mis brazos, saber cómo sería su cara, su cuerpo. Hasta que por fin, junto a mi médico decidimos inducir el parto, su nacimiento sería el 11 de noviembre de 2004. LLegó el día, estaba aterrada, desde pequeña le tuve miedo al parto y ahí estaba yo, a pocas horas del momento más temido de mi vida. El Pitosín comenzó a hacer su efecto, las contracciones aumentaban y mi miedo también. Pero todo fue demasiado rápido, la anestesia, el traslado al cuarto de partos y el nacimiento de Andrés, todo duró tan sólo 2 horas y media, el resultado: el niño que más quiero en el mundo por fin estaba en mis brazos. A lo lejos pude ver a mi mamá y a mi amiga Norka que llegó justo cuando estaban sacando al bebé. Todo estaba listo, ya era MAMÁ!!!

